Creemos la fe cristiana histórica: la que la Iglesia ha confesado desde los apóstoles y que la Reforma volvió a poner en el centro — la Escritura sola, la gracia sola, la fe sola, Cristo solo, y todo para la gloria de Dios.
La Biblia es la Palabra de Dios, totalmente inspirada, inerrante y suficiente.
2 Tim 3:16-17; 2 Pedro 1:20-21.
Un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Deut. 6:4; Mateo 28:19; 2 Cor 13:14.
Jesús es 100% Dios y 100% hombre, Salvador y Señor.
Juan 1:1,14; Colosenses 1:15-20.
El Espíritu Santo regenera, convence, santifica y mora en los creyentes.
Juan 16:7-15; Efesios 1:13-14.
El hombre fue creado a imagen de Dios pero cayó en pecado.
Gén 1:26-27; Rom 3:23.
La salvación es por gracia mediante la fe en Cristo, no por obras.
Efesios 2:8-9; Tito 3:5.
La Iglesia es el cuerpo de Cristo compuesto por creyentes regenerados.
Efesios 4:11-16; Hechos 2:42-47.
Jesucristo volverá físicamente a establecer Su reino y a juzgar al mundo.
1 Tesalonicenses 4:14-18; Apocalipsis 20-22.
La iglesia existe para hacer discípulos de todas las naciones.
Mateo 28:19-20.
Escrito en 1563 en Heidelberg, Alemania, este catecismo enseña la fe cristiana en 129 preguntas y respuestas, organizadas en 52 Días del Señor — uno por cada domingo del año. Es una de las confesiones más queridas de la Reforma por su tono pastoral y personal: no habla de doctrinas frías, sino de tu único consuelo.
Que no me pertenezco a mí mismo, sino que en cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, pertenezco a mi fiel Salvador Jesucristo, quien con su preciosa sangre pagó completamente por todos mis pecados y me libró de todo el poder del diablo; y me guarda de tal manera que, sin la voluntad de mi Padre celestial, ni un cabello puede caer de mi cabeza; antes bien, todas las cosas deben cooperar para mi salvación. Por eso también me asegura, por su Espíritu Santo, la vida eterna, y me hace estar dispuesto y preparado de corazón para vivir de ahora en adelante para Él.
Rom 14:7-8 · 1 Cor 6:19-20 · 1 Pedro 1:18-19 · 1 Juan 3:8 · Juan 6:39 · Mateo 10:29-31 · Rom 8:28 · 2 Cor 1:21-22 · Efesios 1:13-14 · Rom 8:14
Conocer nuestro pecado y nuestra necesidad: la ley de Dios nos muestra que no podemos salvarnos a nosotros mismos.
Preguntas 3–11Conocer a nuestro Redentor: quién es Cristo, qué hizo por nosotros y cómo recibimos sus beneficios por la fe.
Preguntas 12–85Vivir agradecidos: las buenas obras, los Diez Mandamientos y la oración como respuesta a tan grande salvación.
Preguntas 86–129Tres: primero, cuán grandes son mi pecado y mi miseria; segundo, cómo soy librado de todos mis pecados y de mi miseria; tercero, cómo he de agradecer a Dios por esta liberación.
Rom 3:9-10 · 1 Juan 1:10 · Juan 17:3 · Hechos 4:12 · Efesios 5:8-10 · Mateo 5:16 · 1 Pedro 2:9-10
No es solamente un conocimiento cierto por el cual tengo por verdadero todo lo que Dios nos ha revelado en su Palabra, sino también una confianza firme que el Espíritu Santo obra en mi corazón por el evangelio: que no solo a otros, sino también a mí, Dios me ha concedido el perdón de los pecados, la justicia y la salvación eternas, por pura gracia, solamente por los méritos de Cristo.
Juan 17:3 · Heb 11:1-3 · Rom 10:17 · Rom 3:24-26 · Gál 2:16 · Efesios 2:8-10
Que el Hijo de Dios, de entre todo el género humano, se recoge, protege y conserva, por su Espíritu y su Palabra, en la unidad de la verdadera fe, una comunidad elegida para la vida eterna, desde el principio del mundo hasta el fin; y que yo soy y seré para siempre un miembro vivo de ella.
Juan 10:11, 14-16 · Efesios 4:3-6 · Hechos 2:42-47 · 1 Cor 1:8-9 · 1 Juan 3:14
Solo por una verdadera fe en Jesucristo; de manera que, aunque mi conciencia me acuse de haber pecado gravemente contra todos los mandamientos de Dios, de no haber guardado jamás ninguno de ellos y de estar todavía inclinado siempre a todo mal, no obstante, Dios, sin mérito alguno mío, por pura gracia, me imputa y regala la perfecta satisfacción, justicia y santidad de Cristo, como si nunca hubiera tenido ni cometido pecado alguno, y como si yo mismo hubiera cumplido toda la obediencia que Cristo cumplió por mí, con tal que acepte este beneficio con corazón creyente.
Rom 3:21-28 · Gál 2:16 · Efesios 2:8-9 · Fil 3:8-11 · 2 Cor 5:21 · 1 Juan 2:1-2
Porque Cristo, habiéndonos redimido con su sangre, también nos renueva por su Espíritu Santo a su imagen, para que con toda nuestra vida nos mostremos agradecidos a Dios por sus beneficios y para que Él sea glorificado por medio de nosotros; además, para que cada uno esté seguro de su fe por sus frutos, y para que con nuestra conducta piadosa ganemos a nuestro prójimo para Cristo.
Rom 6:13 · Rom 12:1-2 · Mateo 5:16 · 1 Cor 6:19-20 · Gál 5:22-24 · 1 Pedro 3:1-2
Porque es la parte principal de la gratitud que Dios demanda de nosotros, y porque Dios quiere dar su gracia y su Espíritu Santo solamente a aquellos que se lo piden de corazón, con gemidos y sin cesar, y se lo agradecen.
Salmos 50:14-15 · Mateo 7:7-8 · Lucas 11:9-13 · 1 Tes 5:17
Nada de esto es teoría para nosotros: es el consuelo con el que vivimos. Ven un domingo y conversemos, o inicia el camino del discipulado.
Iniciar el discipulado →